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23/01/2017
Crónica del Decimation Fest en Sala Caracol (Madrid 15-1-17)

Hacía tiempo que no se organizaba en Madrid un festival de brutal death metal en el que se pudiera disfrutar plenamente de este género. Decimation Productions se ha lucido en este evento que lleva su nombre, congregando las bandazas Putrid Pile, Defeated Sanity y Skinned, así como Primordium y Cranial Engorgement, que son grupos que se están abriendo paso en la escena.

El evento comenzó bastante puntual, y este carácter de precisión cronológica se mantuvo hasta el final, a veces incluso con adelantos en los horarios, cosa bastante infrecuente en general. A las 19,30 abrió Cranial Engorgement, con una potencia que pregonaba claramente cuál era la esencia del festival. Eran tres (¿para qué más?): guitarrista a las voces, bajista (que también participaba a la voz metiendo unos gorrinos gordísimos de vez en cuando) y batería. El sonido dejaba todavía bastante que desear: los riffs no se entendían a menos que fueran los lentos y pesados breaks propios del toque slam de este estilo. Otro tanto ocurría con la batería, cuyos blast beats eran imperceptibles, siendo las luces y el ruido general que se formaba en las partes más frenéticas los principales indicadores de que allí se estaba tocando algo muy rápido. Una pena, porque los músicos eran buenos, y desplegaron una buena dosis de brutal death que no disgustó a nadie. El que más llamaba la atención era el bajista, un animal que no paraba de mover su larguísimo pelo mientras ejecutaba unas líneas que difícilmente podría uno imaginarse que pudieran ser compatibles con tanto frenesí. El público estaba frío todavía; el cantante tuvo que pedir amigablemente que la gente rellenase el hueco que había en medio de la sala, y le hicimos caso. El punto fuerte de este grupo eran los breaks, que eran lo que se escuchaba bien, y ahí sí que la gente se implicaba moviendo la cabeza y empezándose a calentar. Pero todavía no hubo pogo; para eso habría que esperar un poco más. Tocaron, entre otras, la última canción que han creado: Horrific Existence, que sacaron a la luz hace poco más de un mes, y cuya intro con guitarras limpias fue la única interrupción de su despliegue de brutalidad.

Un cuarto de hora después de que terminasen los primeros, entraron Primordius, que, como los anteriores, también eran tres, y también era el guitarrista el que se encargaba de hacer las voces. El sonido había mejorado bastante, y la sala estaba un poco más llena. La brutalidad subió un peldaño con este grupo, y el público demostró este hecho reaccionando con más viveza canción tras canción, llegando incluso a hacer un pogo cuando así lo pidió el cantante para una cover de Devourment. El grupo era una apisonadora, machacando riff tras riff en una manifestación de violencia sonora sin concesiones. La voz oscilaba entre profundos guturales y gorrinos, perpetrados entre blast beats y machaques de líneas de bajo. Aparte de la cover ya mencionada, la mayor parte de su setlist estuvo compuesto por canciones de su último disco, “Genetic Devastation”, el cual sacaron el 6 de enero de este mismo año: temas como “Fuck To Exist” o la homónima “Genetic Devastation”, frente a los que nadie podía resistirse a mover la cabeza. Todos salimos satisfechos de este concierto, sorprendidos por la calidad que puede desprender una banda con tan poco recorrido.

Skinned, por su parte, llevan una amplia larga trayectoria a sus espaldas: cuatro discos y 20 años de edad como banda, sin contar los splits, el EP y la demo que sacaron en su día. Comenzaron con las canciones más brutas que tenían, ejecutadas con gran velocidad y rabia. El cantante, a diferencia de los vocalistas de los grupos anteriores, no tenía el lastre que puede suponer el tener que tocar también un instrumento, y se dedicaba a hacer unos aspavientos y poner unas caras que funcionaban para mantener al público conectado con las canciones. Los dos guitarristas, por su parte, cada uno en su sitio, se meneaban sin cesar al ritmo de los baquetazos del batera. El bajista, con su larguísima barba, se dedicaba a elevar el bajo como si de un estandarte se tratase. El grupo no tuvo mala respuesta por parte de los asistentes; el inconveniente es que esta banda incorpora ciertos elementos más modernos, provenientes del deathcore, que no gustaron a más de uno, y es que en un festival tan enfocado al brutal death metal, sencillamente no pegaban. Lo más divertido de estos breaks con disonancias, que desentonaron un poco con lo que veníamos escuchando y con lo que íbamos a escuchar después, fue que, en el último que tocaron, y que cerró el concierto, el bajista se quitó su instrumento y lo empezó a golpear al ritmo del bombo, una burrada que no recordaba haber visto en mucho tiempo, y que nos dejó a muchos con una sonrisa en la cara. Cabe mencionar que en el último tema se subió al escenario un colega de la banda, un tal Oscar con unos guturales gravísimos que le metieron un plus de potencia a las de John Meyer, el vocalista principal. Con este final arreglaron las diferencias de estilo, aunque muchos de los que no aguantaban los breakdowns típicos del deathcore ya habían salido fuera a esperar al siguiente grupo.

Por fin les tocaba el turno a Putrid Pile. Eran muchos los que habían venido al evento sólo por él. El grupo consta de un solo miembro, Shaun LaCanne, que lleva desde el año 2000 trabajando en solitario. Según él mismo me contó, está acostumbrado a hacerlo así y le parece muy llevadero; dijo que, aunque a veces eche en falta tener una panda de camaradas con los que echarse unas cervezas en el backstage después del concierto, le parece más fácil hacerlo así. Su directo fue el que mejor sonó hasta el momento, aunque la puesta en escena, lógicamente, se vio reducida a LaCanne tocando la guitarra y soltando unas voces del demonio. El principio de cada canción siempre era igual: daba al play de las pistas percutivas digitales que traía consigo, de espaldas al público; luego volvía al micro, presentaba el tema, y nos soltaba una maraña de gorrinos al ritmo de sus potentísimos riffs. El público se volvió loco; se notó que era estas las canciones que habían venido a escuchar en directo, y una gran parte no se quedó mirando la ejecución del directo sino que dejó que la violencia de la música les impulsara al moshpit. Buena parte de los temas del setlist fueron de su último disco, “Paraphiliac Perversions” (que sacó el año pasado), aunque también tocó otros temas suyos más clásicos, como “Drenched In Gasoline” o “Food For The Maggots”. La fluidez del concierto, apenas interrumpida por los mencionados parones para darle al play, se vio un par de veces entrecortada por unos segundos en que su guitarra dejó de sonar, quedando entonces sonando solamente las pistas programadas; pero esto duraba tan poco que en seguida se olvidó. La liada más grande fue cuando, tras media hora larga de concierto, y mientras LaCanne estaba de espaldas al público poniendo su pista programada, el técnico de sonido pinchó música, dando a entender que el concierto en cuestión se había terminado y que era el momento de esperar a que entraran los siguientes. Todos los asistentes empezaron a abuchear esta situación, y a pedir a gritos que Putrid Pile siguiera tocando. Mientras, él se encogía de hombros y esperaba, confuso, a que le dejaran continuar su espectáculo. Al final la circunstancia cedió y se le dejó tocar un par de temas más. El público, extasiado, bramaba de satisfacción, pidiendo bises hasta el final. Conciertaco.

Entró a escena Defeated Sanity. A este grupo le descubrí hace ya varios años, al igual que a Putrid, y la verdad en su día lo que más me impresionó de este grupo de technical brutal death metal fue la amalgama de un sonido sucio, old-school y oscurísimo, con un despliegue de tecnicidad y originalidad que nunca había visto tan bien entralazado con ese sonido tan cavernoso. El año pasado sacaron su último álbum, “Disposal of the Dead”, que sigue manteniendo ese sonido de guitarras saturado, velocísimo, con unas baterías grabadas con un sonido totalmente humano y analógico, sin por eso perder en precisión y brutalidad. Me gustó ver que habían cambiado de cantante, porque el anterior me parecía un poco flojo comparado con el nivel del resto de la banda; el de ahora (entró en 2016), Josh Welshman, es un animal con un chorro de voz impresionante que suena a infierno. El batería también me ha llamado siempre la atención, pues mezcla los típicos blast beats a toda leche (alcanzando300bpm) con redobles que recuerdan a estilos más progresivos e incluso al jazz. Se llama Lille Gruber y lleva tocando en el grupo desde sus comienzos allá por 1994, y se nota perfectamente esa impresionante trayectoria a sus espaldas, siendo el batera que más cómoda y fluidamente tocó de todo los del festival. Además fue el que más definido sonaba, porque las baterías de los otros grupos no eran fácilmente entendibles (salvo la de Putrid Pile, lógicamente). El guitarra y el bajista, por su parte, meten tanto riffs de slam como partes más progresivas y técnicas, amalgamadas de manera que a mí me vuelve loco. Una banda de 10. Eso sí, el público estaba ya cansado y apenas se movía. Nos quedamos todos más o menos quietos mirando la delicia de ejecución que perpetraban los musicazos de este grupo. Una verdadera pasada de concierto, digno de los oídos más exigentes.

Desde aquí nos gustaría agradecer a Decimation Productions por conseguir congregar a esta maraña de grupos que son tan poco habituales en la línea de conciertos de metal que suelen verse en los carteles más difundidos. Apostar por estos grupazos de una escena relativamente underground y traerlos aquí para nuestro disfrute se merece un aplauso. Esperemos que este sea el inicio de más festivales de este tipo a lo largo del año. De ser así, esta productora va a ser mi principal referencia de directos. Bravo.

 
Autor: Rafael Aritmendi.
 

 

 

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